
"Desde hace siglos, la cita más importante en la vida de los habitantes de las islas Feroe es la llegada de las ballenas. Con la primavera, los enormes mamíferos se acercan a las costas y todo el pueblo se prepara para un día esperado durante todo el año.
Aislados y alejados del mundo, la llegada de las ballenas ha sido siempre como un maná que el mar ha traído a estas islas perdidas en medio del Atlántico Norte. En estas tierras agrestes y barridas por el viento,
donde el 93 % de la superficie son pastos y sólo el 7% es fértil, las ovejas han sido siempre un complemento a la pesca y a las ballenas.
Las ovejas tienen el honor de haber dado nombre a estas islas, ya que Feroe quiere decir oveja. Las Feroe son una plataforma de 18 islas aisladas en el Atlántico Norte, en medio de las rutas migratorias de las ballenas piloto, y donde hasta la década de los setenta no llegaron los aviones..
Numerosas manadas de ballenas piloto pasan durante la primavera y a principios de verano. Siguiendo su migración anual, vienen a alimentarse alrededor de las Feroe donde las aguas son menos profundas, más cálidas y ricas en nutrientes. A menudo se suelen ver algunos ejemplares en rincones de aguas tranquilas de los innumerables fiordos y estrechos canales que separan las islas. Algunas de ellas serán cazadas. Cazadas como se ha hecho durante mil años.
Hoy esta caza, motivo de polémica durante años y criticada por muchos, está sometida a una estricta regulación. La bióloga del Departamente de Zoología de las Feroe, Doreta Bloch, defiende esta postura: “Tenemos una regla según la cual hay un máximo de capturas, que es de 2.500 ballenas al año. Esto equivale a la mitad de la producción total agrícola de carne vacuna y de ovejas, y es una cuarta parte del consumo de carne de aquí. Tiene, por lo tanto, mayor importancia de la que se podría pensar, y fíjese que, además, es carne gratuita. Se han criado en esta tradición”.






